• Agromovil

Verano de fresas

Despertaba casi todas las mañanas para ver el amanecer. Al principio de la cosecha, con la media luz de la mañana, casi todos estaban callados en los camiones al campo, observando y absorbiendo la mañana.



En el campo, estaba en comunión con las fresas, desenredaba sus ramitas para encontrar las bayas frescas que, cuando recogidas en una manera particular - el dedo índice y el dedo medio sobre cada lado del tallo, el pulgar reforzando ligeramente el fondo - hicieron un pum satisfactorio y suave cuando se liberaron de la planta. Mis piernas llegaron a ser fuertes y dolorosas por encorvarme y maniobrar en las plantas. Mis manos no eran ociosas, y tampoco mi mente; tenía el tiempo y el espacio para reflexionar, para reconocer que los 40 de nosotros cosechando fresas (la mayoría eran estudiantes cómo yo) lo hacían para que pudieran llegar al mercado. Era trabajo duro, y solo hacíamos uno de los últimos pasos; para poder remplir nuestros cuartos de galón, los finqueros habían planeado la cantidad, preparado la tierra, sembrado y cuidado a las plantas durante varios meses.


Este verano estuvo bien neblinoso, y la mayoría de los días, a pesar de que el sol estaba saliendo, la madurez de las fresas llegó a ser el único indicador del tiempo, nos dejando en una niebla de pensamiento y acción cíclica. Para asegurar que cosechamos todas las fresas maduras, nosotros, los cosechadores con nuestras bandejas de 8 cuartos de galón, teníamos que cosechar un mínimo de cuartos por hora. Cuando remplía los 8 cuartos, señalaba los finqueros y vinieron para recoger tu bandeja y reemplazarla con una nueva. En estos medio-momentos, intercambiamos sonrisas y comentarios sobre las fresas del día, quienes iban a comerlas y cómo. Al fin del turno, tomábamos unos minutos, pese a nuestras rodillas cansadas, cosechar unas fresas más para que podamos saborear la alegría de saber quienes habían trabajado con la tierra para que podamos disfrutar su dulzor sencillo.



Estoy agradecida por las fresas y los finqueros porque me hicieron más consciente del rol activo que todos nosotros tenemos en nuestro sistema alimentario en general y los locales. Tuve la oportunidad de conectar con la tierra y el sistema alimentario local por juntarme con un grupo de finqueros, quienes alimentan a sus vecinos. Simultáneamente, tuve la oportunidad de trabajar con una empresa que anda para mejorar la cadena de suministro actual. Después de cosechar en el campo, regresaba a casa con manos manchadas de bayas. Estiraba las piernas y luego mi mente a Agromovil y lo que podía hacer para apoyar un gran cambio para nuestros finqueros y nuestro mundo.



Parker Richardson

Pasante de Comunicación y Subsidios

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